MI PRESENCIA IRÁ CONTIGO.

Éxodo 33:14

La presencia de Cristo no previene las tormentas, pero Él está con nosotros en las tormentas. Estamos más a salvo en el peligro con Cristo, que en la quietud sin El.  Nosotros no ponemos las esperanzas en las arenas movedizas del tiempo. Nuestra confianza esta puesta en la inamovible Roca de la Eternidad. Pero debemos ser como nuestro Maestro.  Lo que le da valor a nuestra vida es el espíritu de sacrificio y de sumisión a la cruz. En medio del más salvaje tumulto, Cristo estuvo siempre en disposición de escuchar los gritos de angustia  del hombre.  Jamás demostró cansancio al respecto.

Entonces, ¿por qué temer la tempestad, si está bajo el control de nuestro Padre Celestial? 
Jesús nunca se vio tan absorbido por un necesitado que no tuviera tiempo para prestar atención a otros. La restauración de un hijo enfermo a sus padres representa cómo restaurará la amistad interrumpida entre dos  amigos. Algunas personas que se hallan altamente necesitadas de su ayuda no se dan cuenta del deseo que El tienen de ayudarles, de la misma manera que el que se ahoga queda asombrado por la belleza del bote salvavidas y se queda en el agua para morir. Las olas que al parecer iban a alejar al Señor de los discípulos en realidad lo acercaron al barco. Los pescadores habían perdido la serenidad antes de terminar la jornada. ¡Con cuánta frecuencia el Señor ha debido intervenir cuando las fuerzas de sus hombres han estado agotadas!  -F. G. Cawston. 

MANANTIALES EN EL  DESIERTO
ESCRITO POR: Señora Cowman